(Interior de una habitación. Oscuridad casi total, apenas rota por el resplandor azulado de un monitor de computadora.)
— ¿Qué? Muy cabrón con la computadora…
— N-no… —(tímidamente)— es que pues, más o menos le sé mover.
— No la chingues, güey. ¡Usando las manos para teclear cuando bien pudieras estar con unas nalgitas calentándotelas!
— Sí, verdad…
— Ven, vamos. Apaga esa putamadre y vámonos a buscar unas garras bien garras —de esas que solo salen de noche a llenar su vacío con el de uno.
— ¡Espérame tantito! Es que le estoy corriendo un programa que le aumenta la memoria. Está pocamadre. Lo único malo es que le reduce un poco la velocidad, pero de ahí en adelante me va a ser de gran utilidad.
— Se me hace que te estás enamorando de la pinche computadora, cabrón. ¿Qué correr programas ni qué la chingada?
(Sin más, la apaga de un manotazo.)
— ¡No! De seguro se le borraron un chinguero de datos. Te la mamas, cabrón. ¡Ahora la voy a tener que configurar de nuevo!
— Configurarte el pito es lo que necesitas. Ahí está la ropa —(aventándosela a la cara)— y vístete, que el antro a donde vamos se llena en chinga y las viejas agarran marido luego, luego.
(Ya en la calle.)
— Órale, mi brother. Aquí es donde te vas a dar sabor.
— Se ve padre el bar…
— Sí, hombre. Lo abrieron apenas ayer. Lo más chingón es que tiene referencias buenísimas: todos los que vinieron a la inauguración dijeron que era lo último en concepto de antro. Dicen que en cada mesa hay una chava atendiéndote en todo lo que necesites, y cuando digo TO-DO, es todo.
— Mira tú… El nombre está chingón: “La Caverna del Cómputo”.
— ¡Y dale con computar y todas esas mamadas! …Aunque sí, el nombrecito tiene su razón: aquí lo que vamos a hacer es con-puta-relacionarnos. ¡Je, je! Pero ya, dejémonos de pendejadas y entremos, ¿no? Yo sé que quieres… ¡Papacito!
— Órale, puñal, no te resbales tan feo. ¿O qué, ya se te traba la tercera?
— ¡No mames, güey! Es el puro pinche cotorreo. Órale, pásele… pa’ ver si se te hace un hombrecito y dejas de jalarte la memoria RAM. ¡Je, je, je!
(En la entrada.)
— Hey… pues no hay nadie en la puerta. ¡ORRAA! Ve esa putamadre que está bajando del techo…
(Un monitor desciende lentamente. Pantalla con letras en verde fosforescente sobre fondo psicodélico.)
MONITOR: ¿LOS PUEDO ATENDER? EL COVER SON 100 MEGABYTES DE MEMORIA POR UNIDAD. ACCESO A LA BASE DE DATOS: GRATIS.
— ¿Qué chingados dijo? (cara de absoluto desconcierto)
— Te está albureando en el lenguaje de nosotros los programadores. Creo que quiere decir que cuesta cien pesos y que hay barra libre.
— ¡Qué mamones! Ahí está la lana…
(Deja el dinero sobre el monitor y avanza hacia el interior. De pronto cae de espaldas, temblando.)
— ¡Chale! ¡Pinche calambre de la hay…! ¿A quién puta madre se le ocurre dejar los cables a media pasada?
(El más joven voltea hacia el monitor con expresión sumisa.)
MONITOR: ¿ACEPTA O NO EL COVER? EL ACCESO SIN ÉL ES RESTRINGIDO.
— Sí acepto. Quiero dos.
— ¡No, ni madres, vámonos!
— Ya estamos aquí. ¿No vamos a ver qué hay adentro?
— Órale… pero una pendejadita más así y nos vamos pa’ la chingada.
(Entran. El interior los recibe con una visión desconcertante: en lugar de personas, las mesas están repletas de monitores de todos los tipos y tamaños. Al notar la presencia de los dos, casi todos giran en su dirección por un instante. Algunos tienen rostros dibujados en la pantalla; otros, solo letras de colores parpadeantes. Una música industrial mezclada con tecno retumba a todo volumen. Al fondo derecho, un enorme aparato cubierto de cables lleva un letrero que dice “BASE DE DATOS”. Una pantallita sobre él marca el número: 13.)
— ¿Y ora dónde está toda la gente?
— …
— ¿Que esa era toda la mamada de “atención en la mesa”? ¡No mames, güey! Está de la chingada. Vámonos. (Voltea a verlo.) ¿¡¿Y TÚ CUÁNDO TE METISTE EN LA PINCHE TELE?!?
— No sé, maestro… pero está de pocamadre. ¡Ja, je, je! Mírate, bruto: si tú también estás dentro de una…
— ¡¡¡NOOOOOO!!!
(Desde lejos, se ve cómo dos monitores son acomodados en una mesa vacía. La pantallita sobre la base de datos parpadea: 14… luego, 15.)