¿y sus risas? ¿soy un recuerdo? o… ¿ni siquiera eso? ¿me recordarán, amarán como yo? una ficha, dos tablitas juntas tronando y el vapor del insomnio, ¿o amor que da insomnio? ¡saber!
¿seré un recuerdo? aquí, no allá eufemismo de enamorado paradigma o sintagma con solo una muerte
cama fría, besos perdidos besos, besos… manos pequeñas, manos mías sonrisas, calor, piel de piel su aliento de olas como oxígeno calentándome, nutriéndome
tiempo largo, tiempo corto ¿curas poco? ¿o quiero mucho?
traiciones, miradas ácido de mis ojos ácido para mis ojos ácido con despojos
he estado hablando en mis sueños he estado hablando, riendo y llorando conozco la tristeza de una cama vacía conozco lo perdido de mi vida
No me vayas a decir que llorar te causa pena. Si el llorar siempre es alivio para un alma que está llena de suaves o agridulces martirios.
El llorar es lo de menos, siempre ha sido así: por los malos lloran los buenos, como yo lloro por ti. ¡Bueno!, no tanto así, ¿o? más o menos… El meollo es que lloro, suplico y replico.
Soy yo tu sombra, que desde siglos atrás tu amor imploro. ¿Será eso por lo que lloro? ¿O es de hombre mi orgullo el no tener de capullo esos labios que no besan, pero lejos!, ¡cómo pesan!?
A otra cosa: que el tiempo de amar ha llegado. Mi tiempo, su tiempo, nuestro tiempo. El tiempo siempre es diferente, o todo es de acuerdo al tiempo.
Nos volvemos reproches… Nos volvemos recuerdos.
Al final, o siempre, nos volvemos recuerdos.