EL OLVIDO DE LA LUNA

No es que estuviera completamente cansado de sus padres. Pero le molestaba la manera en que ellos veían las cosas, sobre todo las veces que estaban equivocados y no lo aceptaban. Ese día era el tercero después de haber conocido a Horacio, todavía se encontraba demasiado consternado por lo que había hecho aquella noche. Manuel no estaba muy acostrumbado a tomar alcohol, cuando menos fumar, así que era obvio que fumar un carrujo de mariguana mantuviera su impresión e incluso admiración durante la mitad de la semana. Fue más que una experiencia que mantenía su curiosidad viva al máximo. Era miércoles cuando se dispuso a partir de su casa. No estaba seguro de regresar, pero tenía esa ansia tremenda de encontrar nuevas experiencias, y por consiguiente probarlas. Su madre lloró sin consuelo ese día, su padre se sintió más  que triste culpable, toda la familia estaba reunida. Por primera vez en más de cinco años Marissa, la madre de Manuel se dejó abrazar por Genaro. Había tenido problemas no hacía mucho tiempo, la gente rumoreaba que él tuvo un romance y ella estuvo apunto de pedirle el divorcio pero prefirió no dárselo y mantenerlo por las buenas o por las malas encadenado a su yugo matrimonial.

Manuel caminó sin rumbo y con el bolsillo lleno de sus ahorros durante tres días dormía por episodios donde le agarrara el sueño. Un día antes del tercer día de su huída había ido a buscar a Horacio. Lo encontró tirado sobre un viejo sofá que tenía a la entrada de la casa que compartía con Yadira, una puta de muy buen ver que ganaba un dineral con los viejos rabo verde de la ciudad. Manuel habló y lloró durante casi dos horas, pero Horacio se mantuvo impávido como si no existiera. Al terminar de platicar sus penas, Horacio su único amigo, solo pudo contestarle – mira chiquito pendejo!, no me vengas con mamadas y regresate a tu casa- . Así pues solo y sin nada que hacer y con mucho que pensar, Manuel caminó todo el día después. Llegó a un parque que quedaba a solo una cuadra de su casa, se acercó a un teléfono público y llamó a casa. Le dijo a su madre que lo sentía y pidió regresar a casa, su mamá no tardó mucho en preguntar dónde se encontraba, estaría ahí en 5 minutos.

En esos cinco minutos en que Manuel esperaba sentado en la banca del parque, muchas cosas pasarón. Un hombre de 50 años de edad cuya barba le tocaba el estomago, el cual no comía nada desde hacía unas semanas, lo vió y se acercó a él. – Unas moneditas patrón pa que coma algo- , le dijo el hombre. Manuel se le quedó observando unos minutos y le dijo que no tenía, esto provocó el coraje del hombre que sin pensarlo dos veces ensartó una navaja 007 en el vientre de Manuel. Fueron 15 piquetazos. Mientras Manuel sentía el agudo punzar del fierro en su abdomen, se fue deslizando hasta quedar completamente esparcido sin coordinación en el suelo. El hombre tomó su cartera y antes de huir le propinó un casi mortal puntapié en la parte de arriba del cuello donde se une la cabeza y la espina dorsal. Mientras Manuel viajaba recordando toda su vida en fotografías, no logró tener noción de que ninguno de sus sentidos hubieran existido jamás, lo único que hacía sentirlo vivo era ese extraño olor que tantas veces había olido pero que ahora parecía ser demasiado profundo y cargado como para no tomarlo en cuenta. Ese olor tan peculiar, era el olor de su sangre.

La Madre de Manuel se sintió descorazonada después de pasar por cuarta vez el grupo de arbustos a donde el cuerpo de Manuel yacía inerte sin vida al parecer. De nuevo llorando y de nuevo a esperar tomó las llaves de su bolsillo y se encaminó al automovíl. Al emprender la marcha casi atropella a un pobre hombre de barba blanca, al que le dió unas monedas para que comiera algo. Marissa también percibió ese olor pero no fue tan penetrante como para que le pusiera atención alguna. Llegó a su casa y por fobia a refugiarse de nuevo en los brazos de su marido, vomitó el corazón, el coraje , la esperanza de que su única familia pudiera existir. Esa noche durmió entre sollozos y pesadillas en el cuarto de manuel.

Asombrosamente después de haber tirado sangre durante siete horas un corredor se encontró con el cuerpo de Manuel, lo registró y no encontró nada, ni cartera, ni nada que pudiera informarle quien era el.  Llamó a la cruz roja, que en pocos minutos estuvo ahí. Así fue como Manuel todavía con algo que no podría yo llamar vida, fue recogido e internado en un hospital de interés social. La policía revisó sus huellas digitales, su dentadura, pero no encontró nada parecido, tenía solo catorce años, y a esa edad y con unos padres que se habían preocupado más durante esos últimos cinco años por sus problemas que por su hijo, Manuel fue registrado con un “Juan pérez” y colocado en la cama número 23 de un cuarto donde habían otras 24 personas.  Sin pasado, sin presente y con un futuro que dependía de sus recuerdos, las enfermeras esperaron que Manuel despertara del coma fulminante que lo aquejaba.

Nueve años después, Manuel tuvo la ocurrencia de abrir los ojos. Le hicieron miles de estudios. El diagnóstico del doctor fue que su cerebro había sido totalmente borrado. No era amnesia, ni siquiera tenía la esperanza de que recordara. Era como tener a un bebe recién nacido. Había que enseñarlo a hablar, a caminar, a defecar, a todo. Había que formarle una nueva vida.

El mismo día que Manuel despertó, el avión número 653 de la aerolínea Continentales, se derrumbó desde el cielo como si algo lo hubiera empujado o más bien lo hubiera jalado hacia la tierra. En él se encontraban entre los 150 pasajeros, los señores Fernandez y su hijo de 23 años, Manuel. Nadie sobrevivió con excepción de Martina y Estuardo. Ellos lloraron al igual que Marissa y Genaro a su manuel, un muchacho que parecía más una fotocopia a el manuel que hacía poco se había fugado de su casa buscando nuevas experiencias. Nada pudo regresarles a su hijo, ni siquiera su increíble capital, el más fuerte en el país, y el tercero en el mundo.

La señora Fernández se dedicó completa y totalmente a la caridad, eso le hacía la vida más soportable. Al cabo de un tiempo la rutina diaria de dar a desconocidos, comenzó a darle cierta comezón mental, digo mental por que es de ahí de donde nuestros sentimientos provienen y comezon por que no era algo con lo que tuviera que batallar todo el día, sino que llegaba espontáneo…la idea de ver a ese pobre joven, que no sabía ni caminar le daba lo que en nuestro amado México llamamos ñañaras…además que era tan parecido a Manuelito, su manuelito.

Fue al poco rato de estas comezones y ñañaras que la señora Fernández decidió por una vez y para siempre llevarse a vivir a su nuevo Manuelito a la casa que de por sí ostentaba numerosos lujos que no la hacían más alegre. Así comienza nuestra historia de nuevo, por que durante más de cuatro años manuel fue aprendiendo a hacer todo lo que ya sabía y dos que tres cosas más. Su madre (la nueva madre) realizó una extenuante labor tratando de que todo lo del antigüo manuelito le sirviera a su repuesto. Fue tan buena la tarea de hacer parecer todo como nada, que el nuevo manuelito, el mismo al que le lloraban sus padres en otra parte del país, se tragó el cuento de que era el hijo legítimo de los Fernández…y así vivió sus siguientes 13 años. Todo parecía estar bien, los únicos perjudicados serían los verdaderos padres de manuel. 

Las cosas cambiaron radicalmente cuando la mala costumbre de los fernández de accidentarse en los aviones, los borró del mapa para siempre. Manuel de tanta tristeza se fue quedando poco a poco menos en este mundo a causa de los tremendos “viajesotes” que se aventaba con coca, nunca supo por que esa afición a las drogas, pero la verdad es que era una tremenda puerta de escape a su tristeza. Lo más contradictorio de todo esto era que con todo el dinero y poder que sus padres postizos le habían heredado, manuel sin contar que era un coco aficionadisimo, no era un mal tipo, las mujeres lo seguían por todas partes, los estudios los sacaba adelante con notable facilidad, los negocios en vez de irse a la perdición eran más prósperos con cada día que pasaba. A proposito de esto, el asunto de que las mujeres lo siguieran no le molestaba a manuel demasiado, siempre y cuando fueran con intensiones amistosas, por que manuelito era un homosexual intensamente declarado. Aunque era delicado en esos asuntos y sobre todo discreto, manuel, siempre fue acusado de extorsionar a sus empleados masculinos a tener relaciones sexuales cosa que no era nada cierta y además de esto dañaba sus relaciones con otros de su tipo.

Fue en estos menesteres que conoció a Gabriel, un personaje que tendría serias repercusiones en la vida de manuel. Gabriel era un joven más o menos de 19 años, su rostro era tosco, su voz masculina, y su cuerpo el de un adonis. Manuel y Gabriel vivieron juntos por más de un año, felices dentro de su ambiente, parecía que día con día se amaban más. En medio de toda su felicidad y para mala suerte de manuelito, gabriel decidió por dar terminada su relación…esto afectó de tal manera a manuel que su afición por la coca se aceleró demasiado, y todo lo que manuel pudo haber logrado antes de que gabriel lo dejara, poco a poco se fue derritiendo en el caño. El animo de vivir se le perdió para nunca encontrarlo y su mal humor, no!, su negro humor lo fue absorbiendo hasta que su ser era más obscuro que la noche misma. Mientras el tiempo pasaba, Manuel investigó, no por cuenta propia, por que Gabriel lo había dejado. Para su sorpresa la causa era más que obvia…otro.

El otro se llamaba Genaro, y era de edad avanzada. La furia de Manuel fue creciendo conforme las horas pasaban, y en uno de sus viajes se le ocurrió lo exacto para lograr que Gabriel regresará con él. Genaro tenía que desaparecer. Como? era lo de menos, pero el primer paso a tomar sería conocer al tal genaro y enamorarlo, si no se podía, simplemente le bastaba con un rato a solas para regresar toda la felicidad que le había sido arrebatada por ese intruso.

Conoció a Genaro en un café, horas antes le había llamado a su oficina pidiéndole verse ahí, cuando Genaro preguntó la razón de la cita puesto que no conocía a Manuel, éste le contestó que era una entrevista con vistas a una conferencia sobre arquitectura. Platicaron durante largo rato y mauel hizo en ese tiempo evidente su preferencia sexual, así que los dos acordaron ir a un sitio donde pudieran estar más libres…minutos más tarde entraron en el motel constelación.

Las caricias los besos y demás no hicieron acto de presencia tardio. No había cerrado la puerta genaro cuando manuel ya estaba encima de el pidiendole lo tomara. A la mitad del acto y con manuel hincado de espaldas a genaro, el último comenzó a asquearse, por más que se sentía disfrutar y llegar al orgasmo, la situación a diferencia de otras veces le produjo un asco horrible, tanto así que de repente comenzó a divagar y como subito se dio cuenta de la verdad…Manuel por mientras, logró alcanzar la daga que había llevado consigo desde que charlaban en el café y la empuñó por debajo de la almohada, su mente lo preparaba mejor para finalizar con su plan…y entonces genaro se detuvo…<hijo mío! hijo! perdoname hijo!> grito genaro con las lágrimas cubriendo su rostro deformado por la desesperación y vergüenza, manuel no escuchó nada su mente nublada solo ejecutaría una orden y con daga en mano cruzó varias veces desde la garganta a los órganos a genaro…Mientras la sangre brotaba y el viejo genaro no articulaba palabra alguna solo sus ojos tenían la mirada más asombrada del universo intentaban hablar, Manuel comenzó a oler algo que le pareció familiar y el tambien se espantó al ver a su padre tirado de frente a él con ojos de súplica y perdón, fue tanto su odio hacia el mismo que tomó la daga y se dio muerte. El olor de la sangre, la misma que él llevaba dentro le hizo recordar todo, le hizo recordar como su padre había tenido problemas con su madre con un romance que nunca tuvo nombre, pero que toda la familia equivocadamente pensó había sido con una mujer, cuando en realidad su padre lo había tenido con un hombre, recordó al viejo del parque que lo golpeaba y esa imagen se repetía una y otra vez en su cabeza. Manuel y Genaro, Padre e Hijo, amantes, murieron al mismo tiempo, preguntándose el porqué de todo lo sucedido. 

Más asombrados hubieran estado si supieran que hace más de 3 siglos el bisabuelo de su tatarabuelo, había matado a una bruja y esta en el limbo de la muerta había conjurado que la familia de fortunato y todos los que de el siguieran llevaría la desgracia por los siempres de los siempres, que la única causa de esto era que al nacer la luna iba a olvidarse de verlos y recordarles que bella era la vida. Que su completa estirpe se acabaría solo si se mataban entre ellos. Así se vengó la bruja. Así comenzó la historia mucho antes de que yo lo supiera, mucho antes de que llegara a estas líneas que me revelan. como a Manuel. de subito toda la verdad. Que desgracia…y todo, todo por el olvido de la luna… pero esa ya es otra historia…

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Pablo Eduardo Ibáñez López

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