Por andar queriendo ser un joven exitoso y cultivado en un mundo donde esto es condenado más que premiado. Me metí a la máxima casa de estudios de nuestro anegado, pero bello estado. Esto no quiere decir que sea un alumno extraordinario, pero sí puedo presumir de que salí con promedio suficiente como para lograr mi titulación automática. Pero no solo ahí terminó mi odisea y disparate en querer estudiar, sino que me puse a la orden del día para asistir a cualquier plática o conferencia que tuviera o no tuviera que ver con mi carrera. Me volví simple y llanamente un todólogo con título de administración, todo un licenciado. Pero hasta la fecha, de eso no me quejo, quiero decir que soy feliz con todo lo que he aprendido, pero mi objetivo no era solo aprender sino ejercer mi carrera, así que me lancé a la busca de un lugar que me permitiera aprender más y aplicar todo lo que he aprendido a lo largo de estos seis años, y como suponen bien ahí fue donde estuvo mi error…
Salí de mi casa con mis calificaciones, diplomas y reconocimientos en la mano un Jueves, escogí el día por que pensaba erróneamente que era un buen día para responder a las solicitudes de trabajo de las que estaba enterrado, el Jueves es el penúltimo día de la semana de trabajo, los jefes ni están tan saturados ni tan indiferentes, así que mi primera parada fue un conocido hotel escondido en un callecita alterna a paseo Tabasco. Me recibieron, me instaron a tomar asiento y lo primero, ya dentro de la plática, que me pidieron fue que les platicara sobre mis trabajos anteriores…”trabajos anteriores!!??, pues solo que sea válido mi servicio social por que la verdad señor todavía no he tenido el gusto de trabajar para empresa alguna”, ahí fue donde todo comenzó, por poco y me sacan a patadas “que piensa usted jovencito!, cree que esas calificaciones tan deslumbrantes pueden darle los tres años de experiencia que requerimos!, no hay trabajo en este organismo para usted, que tenga un buen día…” Me pareció realmente estúpido. Obviamente que las calificaciones no me iban a dar la experiencia, la experiencia me la iban a dar ellos!, pero en fin, puse tachita y me dirigí a mi próxima parada con el ánimo devuelto. “No lo sentimos!, necesitamos a alguien con la experiencia suficiente”…mmhh!…”Si lo entendemos pero entienda usted que nuestra categoría exige una persona con los requisitos que solicitamos y uno de ellos es la experiencia”…mmhhmmhh!…”Mire el puesto de administrador exige experiencia pero tenemos dos vacantes en el área de lavandería que sí usted quiere…pues”…lavate el coco mejor tú!…”Lo siento buscamos a alguien de edad madura”…Esas y otras muchas más excusas me toco escuchar ese desgraciado Jueves. Pero soy necio y volví el Viernes…lo mismo, el Lunes…lo mismo y el resto de las dos próximas semanas me recorrí todos los trabajos de alta o baja categoría correspondientes a mi carrera y en ninguno pudieron tomarse el “riesgo” de darme una oportunidad sin que yo tuviera la experiencia requerida.
Fue hasta el Martes de la semana siguiente cuando me entregue a la derrota. No podía yo explicarme como todas las empresas pedían la ahora añorada experiencia. No podía entender cómo es que podríamos salir adelante algún día nosotros los nuevos profesionistas si no se nos daba el beneficio de adquirir esta pericia, en ese caso nuestra especie y cualquier otra que necesitará 3 años de experiencia se extinguiría inevitablemente. Como puedes tener gente con experiencia, con sapiencia, con el conocido “colmillo”, si no hay oportunidad para prepararla. Mis conocimientos se convirtieron de orgullo en un costal de cemento enorme que ahora cargaba en mis espaldas, no los necesitaba si no podía usarlos para un caramba. No estaba desilusionado de las empresas, de los trabajos, de los “jefes”, estaba furioso con ellos, de tan furioso que estaba me puse a hilvanar groserías entre dientes en el taxi que me llevaba de vuelta a casa. Mi molestia era tan notable que el taxista no pudo evitar el preguntarme si mi día había sido malo, y le platiqué entre quejas y gimoteos todo lo que me había pasado en las tres últimas semanas, condené hasta el agotamiento, una por una, a todas las diferentes empresas que “solicitan” trabajo. El taxista demostró su sensibilidad por mi desesperación. Por mis ganas de tan solo encontrar un trabajo que me diera para vivir, puesto que mis aspiraciones para ejercer mi carrera estaban al borde del desvanecimiento, y me sugirió que lo acompañara a ver a su jefe…
Por andar queriendo ser culto acabé cultivando a los pasajeros de mi taxi. No solo eso sino que he resuelto hasta hoy más de catorce contiendas laborales, he regalado ideas espléndidas, “superlativas” según dicen los que se bajan alabandome y deseandome éxito, he dado cátedras sobre la historia administrativa, he resuelto mil tareas que van desde la primaria hasta las de un doctorado, soy una leyenda entre los compañeros de turno, les administro y les resuelvo sus problemas contables y jurídicos, vaya! incluso me trago sus penas y les doy soluciones, todo desde el asiento de conductor que cada día tiene la forma de mi cuerpo más grabada. Es así como entre turno y turno, como entre alto y alto, planeo mis grandes ideas, ahorro tres pesos para ver si en otros seis años logro poner un changarrito y me dedico a lo mío. Aunque este completamente convencido que lo que estudié no sirvió para nada, aunque ahora espere para encontrar alguna licenciatura en transporte público. No crean que me estoy quejando, eso me pasa por ser joven y andar queriendo ejercer mi carrera cuando, esta, mi renuente tierra se diseñó para gente con tres años de experiencia…MÍNIMO!!…